Héroes y guerreros de Luis Seoane y Doce Cabezas [Prorrogada]
Héroes y guerreros de Luis Seoane
La figura del guerrero se encuentra en Seoane como uno de los recursos temáticos soporte de sus posiciones intelectuales y plásticas, con más o menos intencionalidad según las obras. Lo que puede parecer ser una simple recreación en el pasado de las luchas medievales gallegas, e incluso en las luchas más anónimas de la antigüedad, es en realidad un cabo al que atar la necesidad creada, de fundamentar con el peso del pasado la lucha contemporánea que toda persona implicada en la resolución justa de su presente quiere alcanzar. Seoane trascendió como intelectual de la Galicia del siglo XX comprometido con los ideales de justicia y libertad alentados en todo el mundo en su siglo. Desde Argentina, y muy consciente de la posición privilegiada que la pena del exilio no pudo dominar, se sirvió de ella para intentar agitar conciencias siempre desde una línea de universalización. Justicia y libertad son valores universales y Seoane los reivindica en su obra artística con un etiquetado asumible por todos los consumidores. Aquí reside una de las grandezas de un autor: la posibilidad de empatizar entre corrientes diversas de pensamiento convergentes en un ideal común.
Así, a través de una selección de grabados, témperas y óleos, Seoane nos hace testigos de las luchas de los hombres, el espíritu belicoso, los referentes mitológicos y los valores del guerrero; es decir, la disposición del hombre para alcanzar la victoria en un escenario de violencia física, es reivindicada después de pasar por un tamiz pacificador, para alcanzar la victoria de los desterrados, de los aislados, los perjudicados por el factor económico, por la injusticia y el olvido. Como reza en su poema Desterrados: “El hombre no puede caminar solo sin perecer”. El triunfo del guerrero estampado por Seoane es el triunfo colectivo del Hombre.
El álbum Doce Cabezas
Luis Seoane realiza el álbum de grabados Doce Cabezas en 1958, año en el que es editado por la Galería Bonino de Buenos Aires en una serie limitada de 70 ejemplares. El grabado es una técnica muy querida por Seoane, ya que consigue, en palabras del propio creador, establecer una comunicación entre el artista y el pueblo dado su carácter popular. A este carácter popular hace referencia el propio Seoane en el prólogo de la edición del álbum, refiriéndose a los orígenes de una técnica presente desde hace miles de años en la historia de la humanidad, no sólo como manifestación artística, sino como medio de expresión básico aún antes de la utilización de la escritura. Seoane se remite al grabado a través de un recorrido que nos lleva desde las lápidas romanas hasta los canteros medievales, pasando por el advenimiento de la imprenta y el homenaje a otros artistas que como Goya o Gauguin elevaron el medio a sus más altas cotas. Pero independientemente de la técnica, a la que el artista gallego no concede especial importancia, o de los resultados estéticos, Seoane cree que el grabado jamás perderá su carácter de expresión popular, accesible a cualquiera que tenga un buril, un clavo o simplemente, la palma de la mano empapada en pigmento.
En el álbum Doce Cabezas es también importante el tema. Seoane es un retratista compulsivo, de lo que dan fe sus libros de dibujos Retratos furtivos, Retratos de esguello, etc., compilación de los bosquejos realizados en los cafés de los que era tan asiduo, retratos de gente anónima en su mayoría que despertaban su interés, puesto que, tal y como recordamos en la exposición “As cabezas das xentes, a súa variedade, tiveron sempre para min un interese especial. Gústame adiviñar tralos riscos delas un xeito desvariado de ser, unha herdanza, unha historia”.
